¿dónde te habías metido?

large“¿Dónde te habías metido todos estos años?”
me preguntas
después de varios segundos de silencio.

Que dónde me había metido
todos estos años me preguntas.

Siendo el feo de la clase,
el que no recibe ningún peluche
ni postal
por San Valentín.

El que lee la Quo en la playa
mientras los demás ya empiezan
a experimentar
dentro del agua
con otros cuerpos.

El que se quitó al mes
del gimnasio
porque esas mierdas no iban con él
y prefiere gastarse la cuota
en esa edición en tapa dura
de su libro favorito.

Sí,
yo también era el aguantavelas
que estaba en la barra
pidiéndose tres cervezas de más.

Que dónde me había metido
todos estos años me preguntas.

Cambiando las resacas
por paseo por la playa;
partidos de fútbol
por aprender algo nuevo;
viendo esa película
con subtítulos
mientras compartías cama
con aquel gilipollas.

Y llega el día en el que,
por suerte,
te das cuenta que no merece la pena
invertir más tiempo,
más fuerzas,
en un cascarón vacío,
que cuando quieres debatir sobre algo
se encoje de hombros
porque no entiende de esas cosas
y ya no te escucha
porque está comprobando el número
de likes que tiene su última foto
sin camiseta
en Instagram.

Y al final,
después de mil y un tropiezos,
te tumbas a mi lado en la playa
y, en un silencio que se crea
tras un par de horas de conversación
sobre destino y galaxias,
me preguntas
que dónde me había metido
todos estos años.