báisteach

Y ahí nos encontrábamos,
a la distancia justa
que me permitía ponerle olor
a tu perfume.

Ahí nos encontrábamos,
dos desconocidos bajo la lluvia.

El semáforo permanecía en rojo,
al igual que yo,
que no me atrevía a soltar
ninguna de las ingeniosas frases
que se pasaban por mi cabeza
para tener el placer de conocer
el sonido de tu risa.

Ni cuando te pillaba mirando de reojo;
ni cuando sonreías al pillarme
mirándote de reojo;
ni cuando,
medio bailando sobre uno de tus pies,
acortaste la distancia de seguridad
que solemos establecer.

“Sigue lloviendo,
confía en alguien que está empapado.”

Pero esas palabras se quedaron resonando,
como un eco en mitad de la nada
dentro de mi cabeza,
cuando apartaste el paraguas
por si podrías guardarlo.

Y el semáforo se puso en verde.

Y tardamos unos segundos en cruzar la calle.

Y tardamos unos segundos en tomar diferentes caminos.

Ahí nos encontrábamos,
dos desconocidos bajo la lluvia.

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3 comentarios en “báisteach

  1. Qué bonitas son las casualidades de la vida y qué bonito es cuando, a veces, dos desconocidos son capaces de comprenderse y conectar mejor en unos breves instantes que otras personas en mucho más tiempo. Precioso. Por cierto, he de confesarte que he tenido que buscar lo que significa el título jaja porque así de primeras no tenía ni idea de qué era. Pero tras buscarlo todo cobra sentido y has logrado sacarme una sonrisa 🙂
    Besos…

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