sábanas

El otro día me desperté en una cama con sábanas idénticas a las que tenía la tuya. Por una milésima de segundo creí que había despertado a tu lado, como cualquier otro de tantos días de invierno. Su pelo también caía caóticamente por todos lados y su respiración era suave y acompasada. Pero no eras tú. Amanecí a pocos centímetros de un cuerpo desconocido y me invadieron las ganas de salir huyendo de aquella habitación que no tenía nuestro olor.

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